Warning: include() [function.include]: URL file-access is disabled in the server configuration in /home/penesal/public_html/relatos-sexuales/relatos-sexuales/hetero/relato0009.php on line 177

Warning: include(http://www.pene-salud.com/links.htm) [function.include]: failed to open stream: no suitable wrapper could be found in /home/penesal/public_html/relatos-sexuales/relatos-sexuales/hetero/relato0009.php on line 177

Warning: include() [function.include]: Failed opening 'http://www.pene-salud.com/links.htm' for inclusion (include_path='.:/usr/lib/php:/usr/local/lib/php') in /home/penesal/public_html/relatos-sexuales/relatos-sexuales/hetero/relato0009.php on line 177
 

La chica de la gasolinera.

 

Hola, de nuevo estoy aquí relatando otras de las pocas vivencias con mi esposa y de antemano les agradezco el que me escribieran y eso hizo, que me decidiera a contarles otro.

 
Este relato es fruto de una inesperada aventura que viví hace algún tiempo cuando viajaba con mi coche por el Norte de España. Había estado todo el día visitando a un cliente de mi empresa y me volvía para Madrid siendo ya tarde. Tomé la autovía y puse rumbo a casa, sabía que llegaría pasada la medianoche pero no me preocupaba en exceso, ya estaba habituado a ello.
Cuando llevaba ya algo más de una hora de trayecto me detuve en una gasolinera a repostar y descansar unos minutos. Llené el depósito y me dirigí a pagar a la caja. Detrás del mostrador me encontré con una estupenda pelirroja, con ojos claros y mirada penetrante, simpática y amable que repitió mi nombre de la tarjeta de crédito antes de que yo me dispusiera a salir. Antes de volver al coche pasé por el servicio y me di cuenta de que no podía sacarme a la chica de la cabeza, estaba completamente empalmado. Decidí probar suerte y, en vez de pasarme por la cafetería, me dirigí a tomar un refresco de la nevera de la gasolinera e intentar charlar un rato con la cajera.

- Hola, vuelvo a ser yo...

- ¿Se ha olvidado algo?, preguntó ella.

- Viendo lo bonita que es la cajera he pensado cambiar la cafetería por la nevera de la gasolinera...

- A eso le llamo yo no andarse con rodeos, dijo ella simulando sorpresa.
Entonces empezamos a charlar sobre viajes de trabajo, la vida y un sinfín de cosas que no tenían mayor importancia ya que lo que ambos buscábamos eran aquellos momentos en que podíamos meter algún piropo hacia el otro. La cosa fue progresando y Dunia, que así se llamaba ella, me comentó que sólo le quedaban 10 minutos de trabajo y vendría la chica del turno de noche que si la esperaba un poco podíamos profundizar más y conocernos mejor. Oír eso me acabó de poner a mil y le dije que me esperaba, justo en el momento en que entraba su compañera, Julia según supe después, que, la verdad, no estaba nada mal. Dunia cerró la caja y se despidió de su compañera cogiéndome de la mano y rogándome que la ayudara un momento para poder salir más rápido. Pasamos a la zona posterior de la tienda y me enseñó dónde tenían los vestuarios y las taquillas.

- Voy a cambiarme, no tardo. –dijo Dunia
- Te espero fuera –repliqué.

- No, bobo. A lo que me has de ayudar es a lo que viene ahora, yo sola no puedo –dijo empezando a desabrocharse la cremallera del mono gris que llevaba puesto.
Yo estaba alucinado. Pensaba que esas cosas sólo pasaban en las películas porno y, de repente, me hallaba inmerso en una situación que casi me superaba. Al bajarse completamente la cremallera pude ver el sujetador negro que atrapaba sus pechos y la parte superior del triángulo delantero de sus bragas, también negras.

- Acércate! Me dijo poniendo cara de niña juguetona.

- No vas a creerme pero es la primera vez que me ocurre algo así -dije yo.

- Venga, ayúdame a quitarme esto que me da mucho calor...
Me acerque y empecé a tirar del mono hacia abajo quedándose ella tan sólo con el sujetador y las bragas. Su cuerpo era una maravilla. Piernas bien formadas, pechos medianos, piel suave. Me pegué a ella y dejé que sintiera mi erección mientras atraía hacia mi su cara y la besaba. Ella empezó a desabrochar los botones de mi camisa con manos nerviosas y yo me agarraba a su culo para frotar mi verga contra su coño. En seguida nos quedamos los dos en ropa interior y muy rápidamente nos libramos de sujetador, bragas y boxers. Sus pezones eran de un rosa tan suave que casi se confundían con el color del triángulo que delimitaba la pálida zona que había cubierto el bikini al tomar el sol, su coñito estaba cuidadosamente depilado y tan solo mostraba un pequeña mata de pelos rojizos en forma de línea sobre su raja. Mientras yo admiraba ese cuerpo y me encantaba viendo las marcas del bronceado que delimitaban la parte visible de la prohibida, ella se dejó caer de rodillas ante mi y se metió toda mi polla en la boca. Chupaba como una obsesa, dejando que la saliva excediente se derramase de su boca hacia el suelo, acariciándome los huevos, mordisqueando levemente algunos puntos de mi vara e introduciéndose, una a una, mis pelotas en su boca. Mi cipote latía con fuerza y yo sentía que lo tenía a punto de explotar. Toda mi sangre se estaba acumulando en ese punto pero no estaba dispuesto a no poder probar también su gusto así que la cogí del pelo y la hice levantar mientras quien se arrodillaba y empezaba a chupar era yo. Sus jugos ya le bajaban por la entrepierna y yo fui succionándolos, chupándole toda la raja, metiéndole la lengua y lamiéndole el clítoris, pasando mi lengua por su ojete entrando ligeramente en él. Sus labios vaginales eran carnosos y estaban completamente impregnados de su excitación y el clítoris estaba también abultado mostrando en que estado de excitación se encontraba Dunia. Ella gemía como una posesa y se masajeaba las tetas mientras yo le chupaba aquel potorro que no dejaba de escupir sus jugos sin cesar. Mi verga estaba tan grande que no podía evitar que en alguno de los envites me rozase el suelo y dejase un rastro de jugos y saliva. No tardó en correrse desplomándose encima de mi cara mientras yo la sujetaba para que no se cayera al suelo.

- Joder, que fuerte! Susurró ella.

- Sí y sólo hemos comenzado- le dije yo mientras la colocaba a cuatro patas y me dirigía a clavársela desde detrás.
Ver su culo en pompa y su coño bien abierto, desprotegido y chorreando babas que caían hacia el suelo fue la invitación que necesitaba para clavársela con toda la fuerza y brutalidad de la que fui capaz. Ella gritó de tal manera que yo pensé que su compañera acudiría al instante y nos descubriría en plena faena pero no fue así.
Empecé a meter y sacarle la polla con fuerza buscando un ritmo que me satisficiera y me permitiese gozar el máximo tiempo de ese frenético polvo que estábamos pegando. La cogí del pelo para ayudarme a empujar y ella no dejaba de jadear diciéndome – sí, así, más fuerte, fóllame sin contemplaciones -. Yo me ponía más y más cliente viendo sus tetas danzando al ritmo de mis envestidas y su culo que parecía desafiarme así que dejé que mi polla se deslizara fuera de su coño para, después de ver lo empapada que estaba de tanto jugo que seguía brotando de su raja y ya producía un pequeño charquito en el suelo, enfocarla hacia su ojete y apretar con fuerza hasta que se la metí entera dentro. Dunia me miró con cara de sorpresa y un leve gesto de dolor mientras me decía – ahh, me has roto algo... no pares, me gusta sentir este dolor junto a tanto placer, clávame esa polla sin piedad -. Yo estaba tan cachondo que cualquier cosa que me dijese me excitaba aún más así que seguí bombeando su ojete, oyéndola gritar, hasta que en una sacudida brutal empecé a desparramar mi leche, primero dentro de su culo y después encima de ella, cogiéndole el pelo y apuntando mi corrida a su cara.
Los dos nos quedamos extasiados, tirados por el suelo. Yo había tenido el orgasmo más salvaje de mi vida y Dunia me confesó que se había corrido varias veces con mi polla en su chichi y después en su culo.
La cosa no acabó ahí pero eso lo voy a dejar para otro relato que pienso enviaros más adelante si veo que este os ha gustado.



Autor: abrecedario
 

Volver a Hetero

 

Contact

Copyright © 2004   Pene-Salud.com  -  el-clitoris.com All Rights Reserved