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Mi jefa era una puta.

 

Hace algun tiempo en una oficina...

 
Esto que os cuento me sucedió hace años y nunca lo he olvidado. Todo comenzó cuando en el trabajo nuestro director de toda la vida se jubiló y la empresa decidió poner al frente de la empresa en Madrid a una mujer que venía con una cierta fama de eficacia de una de nuestras sucursales. Ella era Teresa, una mujer de no más de cuarenta, atractiva pero con el rostro endurecido. Su llegada fue como el paso de un elefante por una cacharrería. Pronto se acabó el ambiente casi familiar de la empresa, que siempre ayudaba a hacer más agradable el trabajo: Puso un reloj para fichar, cualquier ausencia o retraso había que justificarla, si te ponías enfermo tenías que llevar el parte médico... y lo peor, nos comenzó a tratar con desprecio y malos modos a todos los empleados. Con este ambiente tenso y opresivo, lo que menos nos apetecía a ninguno es tratar de ver a nuestra cruel directora como una mujer atractiva. Pronto fue odiada por todos y su fama de eficacia no era tal, sino que sabía como apropiarse del trabajo de los demás para presentarlo como un mérito propio. Claro que no nos quedaba más remedio que callar y tragar, pues Teresa estaba casada con Don Antonio del Valle de las Torres Altas, un importante hombre de oscuros negocios que le doblaba la edad, habitual en ambientes de la jet y en círculos financieros de alto nivel y que, casualmente, era uno de los miembros del consejo de administración de la empresa.
Un día se planteó que tenía que hacer un viaje de trabajo, para participar en un congreso y claro, como sola, sin alguien que le resolviera los problemas, no era nada, decidió que la acompañase, ya que tendría que discutir de temas profesionales y quería no meter la pata. El viaje en avión fue de lo más aséptico. El lugar era un hotel de la costa catalana donde también se celebraban los encuentros entre jefes de todas nuestras oficinas de toda España y una serie de expertos en los temas que tocaba nuestra empresa, económicos y estadísticos, para debatir sobre ellos. Además se incluía un debate en televisión, en directo por un canal temático, que se retransmitiría desde uno de los salones del hotel. Teresa, con su altivez habitual, al llegar al hotel nos cito a los dos empleados que la acompañábamos, quince minutos después en uno de los salones para preparar los temas. No insistiré en lo pesado que iba resultando en congreso y mientras los delegados de otras sucursales tenían tiempo libre y aprovechaban para correrse alguna juerguecita nocturna, yo estaba esclavizado preparando cada noche los temas del día siguiente para que Teresa se los apropiase y se luciese. Pero todo comenzó a cambiar el último día, que es cuando estaba programado el debate en televisión. Un salón del hotel se había transformado en plató, donde cada uno de los participantes estaba sentado en un sillón distribuidos en forma de semicírculo. En una habitación posterior se había instalado el control de realización, con un gran panel con cuatro pantallas, cada una mostrando la imagen que recogía cada una de las cuatro cámaras que filmaban el debate. En esta habitación estaban los técnicos de la televisión, con un realizador que decidía cual de las cuatro imágenes que veía era la que se emitía, generalmente la de la persona que hablaba en ese momento, un encargado de sonido y cuatro personas más que colaboraban, sentados ante las pantallas, a una correcta transmisión. Teresa, empeñada en que no tuviese ni un minuto libre ni siquiera el último día, se empeño en que durante el programa estuviese en el improvisado control, siguiendo lo que se decía para que si surgía algún tema que ella no se hubiese preparado (es decir algo en lo que nosotros no la hubiésemos asesorado previamente), rápidamente la ayudase explicándole el tema a través de un micrófono conectado a un auricular que llevaba disimuladamente en el oído, y que su pelo impedía que se notase.
Cuando la vi, arreglada y maquillada para asistir al coloquio, me llevé una sorpresa. Aunque siempre vestía un traje de chaqueta y pantalón, esta vez esta prenda la había sustituido por una falda estrecha que le llegaba por las rodillas. La chaqueta la llevaba desabrochada, mostrando una elegante camisa blanca, con un generoso escote, que dejaba adivinar un sujetador blanco. Estaba claro que buscaba convencer a la audiencia, si no con sus conocimientos profesionales, sí con sus dotes seductoras.
Pese a todo, la acompañé al improvisado plató y yo me acomodé en la sala contigua, donde estaba instalado el control de realización, al fondo de la sala, tras los técnicos que manejan la retransmisión. Pronto advertí que entre estos técnicos, mi jefa era alguien popular. Mientras que en el salón se desarrollaba el aburrido coloquio, en el control todos estaban pendientes de lo que decía Teresa. Es más, cuando la cámara que la enfocaba no estaba pinchada enviando su señal a las ondas, con su objetivo nos ofrecía unos primerísimos planos de sus labios, de sus pechos, que se adivinaban exuberantes bajo la camisa y de sus piernas. El operador de cámara estaba disfrutando con esos planos, que interrumpía cuando el realizador le indicaba que iba a seleccionar una imagen de mi jefa, mostrando entonces planos de medio cuerpo muy correctos televisivamente hablando. Pero aquello acababa de empezar. El operador de cámara que nos mostraba a los de la habitación contigua primerísimos planos de mi jefa, descubrió un ángulo frente a ella donde se le veían mejor las piernas y parte de los muslos. Solo había que esperar a que se moviese un poco o descruzase las piernas para que se vieran las bragas. No tardo mucho en suceder. En pleno debate, Teresa bajó la guardia y no se dio cuenta que tenía las piernas algo separadas, no mucho pero si lo suficiente como para que todos los que mirábamos con avidez el monitor con la imagen, le descubriésemos unas bragas blancas, de seda, lo suficientemente pequeñas como para dejar gran parte de las ingles y los bodes de su sexo al descubierto. Yo al fondo de la sala, estaba excitadísimo y me entraron unas ganas enormes de follármela. Poco a poco fui cogiendo el sentido de las conversaciones de la sala, cuando uno de los técnicos dijo:
-“Si la llamaban La Loba por los aullidos que daba cuando follaba... Hay que ver que braguetazo. Puta en un lujoso burdel de Barcelona para conocer a Antonio del Valle de las Torres Altas, camelársele, y lograr no solo que la retire, sino además casarse con él y convertirse en su heredera”.
A esto, otro le respondía:
- “Y además le ha fabricado un pasado tan falso como inmaculado y la ha colocado al frente de una de sus empresas. No hay como follar bien para ascender en la vida”. Yo, al fondo de la sala, seguía excitadísimo sin que nadie reparase en mi presencia. Todos no, tenía un colega a mi lado, de otra de las delegaciones, de esas que se habían pasado los días del congreso de juerga, que me dijo:
- “¿No sabías nada? Si esa boda salió en las revistas. Lo que pasa es que a Teresa, La Loba, le maquillaron su actividad anterior. Era una empresaria, dijeron”. Yo no salía de mi asombro. ¡Mi jefa era una puta! Lógicamente me entraron aún más ganas de echarle un polvo, el problema era como y cuando. De nuevo mi compañero acudió a abrirme los ojos.
- “Mira, yo anoche quería compañía y viendo en un periódico un anuncio del burdel donde trabajaba La Loba, llamé para que me enviasen a una de sus chicas. La chica con la que pasé la noche la conocía. Al venir al hotel y ver los carteles de la convención, enseguida supo que aquí estaba La Loba. Me dijo que incluso ella le comió el coño varias veces mientras ella aullaba sin parar. Toma su número de teléfono que me dejó anoche. Ella te lo confirmará...” Por supuesto que la llamé desde allí mismo con mi móvil. Se llamaba Montse y por teléfono me pareció una chica muy maja:.
-“Necesito tu compañía esta noche. Estoy en el hotel....”
-“Estuve anoche con otro cliente”, me respondió.

- “Ya lo se”, le dije. “Es él quien te ha recomendado. Dice que eres muy buena”.
- “Hago todo lo que me pidas. Mi tarifa es...”
- “¿Harías un trío conmigo y con otra mujer?”
- “Por supuesto”, me contesta desde el otro lado del teléfono. “¿Con quién?”.

-“Con La Loba”, me aventuro a decir.

-“Lo estoy deseando. Ya le tengo ganas a La Loba” La cito para tres horas después en mi habitación. Ahora me falta ver como me las apaño para llevar a mi jefa hasta allí. Mientras hablaba con Montse, finaliza el coloquio de televisión, con Teresa ajena a todo lo sucedido en la habitación contigua donde todos le hemos estado viéndolas bragas y los pelos del coño que dejaban ver durante largo tiempo y en primer plano.

- “¿Qué tal he estado, Rodríguez?”, me interroga Teresa mientras se despide del resto de participantes.

- “Fabulosa. Ha captado la atención de todos”, le respondo, dando a mis palabras un sentido que desconoce y con mi plan ya perfectamente trazado. “¿Se quiere ver? Me van a dejar la grabación del coloquio y en mi habitación tengo un video...”
- “¿Cómo es que usted tiene un video en su habitación y yo no? ¿No se habrán equivocado en este hotel?”, me responde con su desprecio y mal carácter habituales.

- “Yo pedí que me instalen un video ya que muchos de los datos y gráficos que ud. ha manejado estos días en el congreso, los tenía en video. Ha sido la forma de lograr que ud. Estuviese siempre tan brillante”, le respondo mintiéndole mientras imagino como será mientras folla. En dos horas y media me pasarán la cinta. La espero a esa hora. Ya sabe que estoy en la 509”.

- “De acuerdo. En dos horas y media estaré allí. A ver si realmente he estado tan bien como dice...” Le he preparado una encerrona que puede tener unas consecuencias nefastas para mi trabajo. Pero las ganas de follarme a mi jefa me nublan el sentido común.
Todo está listo. Tengo video pero no la cinta que nadie me ha ofrecido. Con gran puntualidad, a la hora convenida, mi jefa llama a la habitación. No se ha cambiado de ropa y sigue llevando la chaqueta, ahora ya abrochada, y la falda que mostró en el debate televisivo.

- “Adelante”, digo, dejando que entre confiada, cerrando la puerta tras de sí.
- “Todavía no me han traído la cinta”,digo, “pero deben estar a punto”.

- “Si es así vuelvo dentro de un rato”, me dice haciendo un ademán de salir.
Es entonces cuando me lanzo sin red:
- “Ud. no se va a ningún sitio, doña Teresa... ¿o prefiere que le llame La Loba?”, digo, dándole una palmada en el culo.

- “¿Cómo se atreve, Rodríguez? ¿Es que se ha vuelto loco?. Déjeme salir. Ya hablaremos en Madrid”
- “Ud. no se va a ningún sitio”, le respondo con decisión, mientras la agarro por la cintura con una mano y pongo la otra, sobre su falda, en su entrepierna”.
Mi jefa lucha y se resiste, pero la tengo bien sujeta y no logra zafarse de mí. Con fuerza la arrojo contra la cama, cayendo boca arriba. Me pongo de rodillas sobre ella, y mientras la inmovilizo con un brazo, la beso bruscamente. Ella se deja besar, sin resistirse demasiado.

- “Vamos a ver por qué le llamaban La Loba”, digo con sorna mientras le desabrocho la chaqueta, mostrando, bajo su camisa unas enormes tetas que estrujo con pasión.
- ¡Ohhh!, ¿Por favor, Rodríguez, déjeme ir... No se lo diré a nadie... por favor...” Se sigue resistiendo, pero ha abandonado su habitual tono imperativo por otro de súplica.

- “No, doña Teresa, ud. no va a salir de aquí porque me la voy a follar....así que, colabore”, le digo con energía. En su lucha por zafarse de mí, tumbada boca arriba en la cama, se le ha subido mucho la falta, dejando al descubierto la mayor parte de sus muslos. Es entonces cuando meto una mano entre sus piernas y comienzo a tocarle las bragas, y sobre ellas a presionar su sexo.

- “Ahhhhhh”, grita, mientras noto que sus esfuerzos por zafarse de mi disminuyen considerablemente, lo que aprovecho para, con la otra mano, desabrocharle la camisa, dejando al descubierto ante mis ojos, su sostén blanco bajo el que se adivinan unas enormes tetas.
Le saco completamente la camisa, le desabrocho la falda, y se la bajo. Ella está muy histérica:
- “Por favor, Rodríguez, no me haga nada... No haga algo de lo que se vaya a arrepentir mañana, déjeme ir y de vuelta en Madrid sabré recompensarle...”,me dice, pero cada vez con menor convicción. Está en ropa interior y le estoy apretándolas tetas con una mano y el sexo con la otra. Es entonces cuando comienza a aullar:
-“Ahhhhhhh, ahhhhhhhhhh, auuuuuuuuuuuuhhhhhhhhhh, auuuuuuuuuhhhhhhh, chilla descompuesta, mientras le desabrocho y quito el sujetador y le bajo las bragas, mostrando ante mis ojos un abultado monte de venus con abundante vello, lo que todavía me excita más.”Auuuuuuuhhhhhh, auuuuuuhhhhhhh, siiiiii, siiiiiii, sigueeeeee, auhhhhhhhhhh...” Tengo ante mis ojos a mi antipática jefa, completamente en pelotas y a mi merced, aullando de placer y a punto de ser follada por mí.
Es entonces cuando llaman a la puerta de la habitación. Yo sé que es Montse, pero Teresa supone que es el botones que me trae el vídeo.

- “Ohhhh, ahí está el del vídeo...”, dice, dándose cuenta que está en pelotas y que quien entre en la habitación, necesariamente tiene que verla completamente desnuda.
-“Rápido, métase dentro de la cama y tápese del todo, con las sábanas sobre la cabeza. Así no descubrirán que es usted”.
Teresa hace lo que le digo, mientras yo, recojo su ropa que he ido tirando por el suelo, y las escondo dentro del armario. Salgo de la habitación y en el pasillo hablo con Montse, una chica de unos 30 años que llega con una mochila en la espalda y que parece más una universitaria que una puta. Le pago lo convenido por toda una noche y le digo que dentro de la cama tengo a La Loba.

- “Déjamela de mi cuenta”, me dice, mientras entra, y en silencio nos desnudamos los dos, sin que Teresa, metida dentro de la cama y tapada hasta la coronilla, no sabe quien es quién acaba de entrar.
Destapándole la cara y completamente desnudo y empalmado, aproximo la polla a su cara diciéndole :”Toma, chupa”. Ella creyendo que no hay nadie más en la habitación me comienza a chupar la polla con ganas, notándose que es toda una profesional. Es entonces cuando Montse, a los pies de la cama, baja completamente las sábanas, apareciendo de nuevo toda la desnudez de Teresa. Con un rápido movimiento, Montse le separa las piernas y le mete un dedo en el coño.

- “Ahhhhhhhhh, auuuuuuuuuuuhhhhhh”, chilla Teresa sorprendida por ese contacto que no esperaba, mientras que Montse le dice: “Qué, Loba, ¿ya te habías olvidado de mí?” Teresa se muestra completamente sorprendida, intenta incorporarse y decir algo, pro yo se lo impido: “Sigue chupando”, le digo.
Montse ha aproximado su boca al coño de Teresa y lo comienza a chupar. “Te harás pasar por empresaria, pero a mi no me la das. Hay que ver lo mojada que estás...” Teresa no hace más que gemir y convulsionarse, mientras que entre chupetón y chupetón a mi polla, aúlla de placer. Mis manos le están pellizcando unos pezones que se le han puesto duros como piedras y la boca de Montse le está trabajando el clítoris y metiéndole dos dedos en el coño. Teresa se convulsiona sin parar, su cuerpo tiembla, sus caderas se arquean buscando un contacto más intenso con la boca de Montse. Estoy a cien y quiero follarme a Teresa, por lo que cambio de posición y ocupo el lugar de Montse. Rápidamente inserto mi polla en el coño de Teresa, que sigue aullando sin parar fuera de si: “Ahhhhhhhh, ahhhhhhhh, auuuuuuuuuhhhhhhh, aauuuuuuhhhhhhhhh.......”. Mientras Montse, aproxima su coño a la boca de Teresa, que sin que le diga nada, comienza a chuparlo. De repente, entre grandes convulsiones y alaridos, Teresa se corre, provocando que yo, al límite del placer, me corra también dentro de ella. Poco después, Montse también se corre en su boca.
“¡Qué bien te lo montastes, cabrona!”, le dice Montse una vez calmados momentáneamente nuestros ardores. “Sabías que don Antonio estaba loca por mi, y tu te metistes por en medio, sin parar hasta que lo cazastes. Y tanto tu como yo sabemos que ese vejestorio, de follar, nada de nada, pero claro, como está cargado de millones...”. Y dirigiéndose a mí, abre su bolso y me dice: “¿Sabes lo que más le gustaba que le hiciera a La Loba? ¡¡Esto!!”, y sacando un enorme vibrador doble se lo mete de golpe, la parte más gruesa por el coño y la más delgada por el culo”.

- “¡Ahhhhhhhhh!”, ¡como conoces mis debilidades.....! ¡me rompes por dentrooooo!, ¡¡aaahhhhhhh!!, grita mi jefa de nuevo convulsionándose completamente. Yo me he vuelto a empalmar, por lo que pido a Montse que deje de meterle el vibrador y, agarrando a Teresa, le doy la vuelta colocándola boca abajo. Me tumbo sobre ella y la penetro por el culo, mientras que la abrazo estrujándole las tetas.
- “Aaaauuuuuuhhhhhh, auuuuhhhhh, auhhhhhh, no pares, siii, siiii, rómpeme el culo, auuuuuhhhhh”, chilla Teresa, mientras que me vuelvo a correr, ahora dentro de su trasero. Montse, excitadísima al ver como me follo a La Loba por el culo, se comienza a acariciar y también alcanza un nuevo orgasmo.

Esta amaneciendo. Llevamos horas follando y mi habitación huele a sexo. Pienso que si don Antonio no puede follar a Teresa, ésta se tiene que consolar masturbándose. Y lo quiero ver, así que de forma enérgica digo a Tersa:
- “Vamos, puta, quiero ver como te masturbas. ¡¡Hazlo!!”. Como una autómata, Teresa comienza a acariciarse el sexo con una mano y a apretarse las tetas con la otra. Está otra vez muy caliente. “Toma, utiliza esto”, le digo entregándole el vibrador que ha traído Montse. Mi jefa, ya toda sudada, despeinada, con el rimel corrido y con gotitas de su jugo que se han resbalado sobre sus muslos, me mete el doble vibrador dándole la máxima potencia. Se nota que le gusta mucho y ajena a Montse y a mí, sigue convulsionándose y gimiendo. Yo estoy otra vez en plena forma y decido que quiero follar a Montse. Esta también lo está deseando por lo que, mientras Teresa se masturba con el vibrador aullando de placer, empujo a Montse contra la pared y la penetro de pie, mientras que ella, agarrada a mi cuerpo, enrosca las piernas en mi cintura y me abraza apretándome contra ella. Los aullidos de Teresa se mezclan con los gemidos de Montse y míos hasta alcanzar otro monumental orgasmo.
Con la llegada del día, y con los ojos enrojecidos por follar en vez de dormir, Montse se retira con su mochilita no sin antes decirle a Teresa que le apetecería seguir comiéndole el coño. Teresa también quiere retirarse. Tenemos el vuelo dos horas después, pero no encuentra su ropa, que al principio de la noche había escondido en mi armario, por lo que, descalza y envuelta en una toalla, sale de la habitación. Yo me ducho, me visto y hago mi maleta, guardando el traje de falda y chaqueta de Teresa, su camisa, su sujetador y sus braguitas en mi maleta. Es el trofeo conseguido. En el aeropuerto volvemos a coincidir: Teresa, con unas gafas negras, chaqueta y pantalón, no me dirige la palabra. En el avión ella está sentada varias filas detrás de mi. En Madrid desciende antes y no la vuelvo a ver hasta el lunes siguiente.
De nuevo en el trabajo, mis compañeros me preguntan que tal el congreso. Bien, digo, sin dar demasiadas explicaciones. Cuando llega la jefa, sigue con sus gafas negras que no que quita en ningún momento. Se encierra en su despacho y no sale en todo el día, para alborozo del resto de la oficina que no sufre su constante acoso laboral. Y así, al día siguiente y al otro. Mi jefa parece otra. Todo el día encerrada en su despacho sin hablar con nadie. Ese mismo día, un compañero me enseña la portada de un periódico donde indica que Don Antonio del Valle de las Torres Altas, marido de mi jefa y miembro del consejo de administración de la empresa, ha sido detenido por orden del fiscal anticorrupción. Al acabar la jornada, y cuando el resto de mis compañeros ya se han ido, Teresa se acerca a mi mesa:
- “Rodríguez, creo que dados los acontecimientos, va a ser necesario prescindir de sus servicios”.

- “¿Está segura?”, le respondo, abriendo un archivador donde aparece su traje, su sujetador y sus braguitas que quedaron en mi poder. “Vamos, putita, que te voy a follar otra vez”, le digo, dándole una palmada en el culo.

- “¡Ohhhh!”,dice.
- “¿Vamos a su casa?”, le interrogo con sorna sin dejar de tocarle el culo.

- “No, a mi casa no”,me dice asustada.”Es que hay periodistas en la puerta”, se justifica.

-“Pues entonces tendremos que follar aquí”, digo, llevándola a su despacho, sentándola sobre la mesa y abriéndole la camisa de un tirón. Tiro al suelo todos los objetos que tiene sobre la mesa, y tumbada ya también sin sujetador, le desabrocho el pantalón, bajándoselo a la vez que unas braguitas beiges. De nuevo su coño aparece espléndido ante mí, pero mis intenciones son distintas. La pongo boca abajo sobre la mesa, con sus piernas colgando, y la penetro por el culo. A la vez, una de mis manos, bajo su cuerpo le aprieta una teta y un dedo de la otra se introduce en su sexo apretándole el clítoris.

- “Ahhhhhh, auuuuuhhhhhhhhh, auuuuuhhhhhhh”, chilla mientras me descargo dentro de su ano y mientras ella, entre aullidos y convulsiones también alcanza un enorme orgasmo. Con el movimiento de la mesa, se ha abierto uno de los cajones, descubriendo un enorme consolador que Teresa guardaba allí.
- “Déjame irme”, me dice.

-“De acuerdo”, respondo. “Pero tu ropa me la quedo yo”.

- “¿Y como voy a salir así?”
-“Es tu problema. Ya apenas queda nadie en el edificio y no tendrás demasiado problemas para llegar hasta el aparcamiento del sótano. Es de noche y con un poco de suerte, podrás conducir desnuda sin que se den cuenta. Si cuando llegues a tu casa siguen los periodistas en la puerta, tendrás que inventarte una excusa convincente para explicar donde has perdido tus ropas”.

Fue la última vez que la vi. No volvió a trabajar y nadie supo decir que pasó con ella. Las malas lenguas dicen que una vez encarcelado su marido, la empresa se la quitó de encima lo más rápidamente posible. Claro que mi colega de otra sucursal, el que me abrió los ojos el último día del congreso, me dijo que cada vez que viaja a la costa catalana vuelve a llamar a Montse, y ésta le dijo que La Loba había regresado al burdel y que le seguía encantando que le metiese un vibrador por el culo. En el trabajo todo volvió a ser un remanso de paz y a mi me hicieron jefe y pasé a ocupar el despacho de Teresa. En el cajón sigo guardando el consolador. Quién sabe, a lo mejor un día regresa a buscarlo.

Autor: Gustavo5050
 

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