Historia en un ascensor.

 

La siguiente historia ocurrió en un edificio antiguo, la totalidad de los pisos estaban ocupados por oficinas. Yo acudía para entregar un curriculum en una oficina.

 

Era un día que llovía mucho, además, era tarde, sobre las ocho de la noche, en consecuencia la mayoría de las oficinas estaban vacías. Al subir al ascensor coincidí con una señora de unos cuarenta años, ambos íbamos muy mojados por efecto de la lluvia, y rápidamente nos quitamos el abrigo.

A medio camino el ascensor se detuvo, yo intente buscar la alarma pero no había, era un ascensor antiguo, al principio esperamos que se pusiera en marcha, y después de gritar para pedir auxilio, pero no tarde en observar como la señora empezaba a sudar, me comento que padecía de ansiedad y que se encontraba mal, yo intente tranquilizarla secándole el sudor y bromeando. Al cabo de media hora se fue la luz, y en ese instante mi compañera de infortunio comenzó a gritar y llorar, a continuación me abrazo con fuerza. Yo también estaba asustado porque no se escuchaban ruidos y presumía que no quedaban personas en el edificio, en esa situación continuar abrazados nos daba seguridad a los dos, ella empezó a estar más relajada y me comento que se encontraba mejor.

Al pasarnos el miedo no tardo en aparecer el deseo sexual, fruto de la situación, comenzamos a besarnos y acariciarnos, tenía unos pechos hermosos que naturalmente bese y chupe, me agache le subí la falda y le quite las bragas, a continuación le chupe la entrepierna, tenía un clítoris bastante pronunciado que trabaje con los labios como si fuera un pequeño pene, el orgasmo de la señora me lleno la cara de sus jugos, que se mezclaron con el sudor. Volví a abrazarla y besarla, entonces fue ella la que se agachó, me bajo los pantalones y comenzó una felación que acabo regándole su garganta de semen, a continuación la estire en el suelo y la monte, el miembro entro con gran suavidad porque estaba todo mojado, el segundo orgasmo fue conjunto.

Continuamos abrazados hasta que escuchamos ruidos, rápidamente nos levantamos y nos arreglamos, eran unas personas que estaban arreglando el ascensor, este se puso en marcha y al abrir había cuatro hombres esperando, la señora que me acompañaba salió y se abrazo a uno de ellos, nos presento y le explico que le había ayudado mucho a mantener la calma, el me dio las gracias y me explico que era el dueño de la oficina a la que casualmente había ido a entregar el curriculum.

Al llegar a casa comprobé que sus bragas continuaban en la chaqueta.

Es obvio que conseguí el empleo, y que las relaciones con la señora no acabaron, pero esa ya es otra historia.



Autor: Buenrollo1956
 

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