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La venganza de mi cuñada. |
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Mi pene empieza a penetrarla, la ansiedad se transforma en placer, en calor, en suavidad, en caricia, sus manos en mi piel hacen que me estremezca de placer. |
Llegué a la recepción del hotel del aeropuerto de la ciudad de México, donde tendría que pasar la noche porque no se podía conectar el vuelo en que llegué con el que tomaría de regreso a mi ciudad. En uno de los sillones del lobby vi a mi cuñada que se alegró mucho de verme. -Hola Claudia.- Le dije mientras la besaba fraternalmente en la mejilla. -Que bueno que te encuentro Miguelito, mi avión llegó tarde y no pude conectar con el vuelo y para acabarla de amolar no hay habitaciones en ningún hotel, ya llamé a todos los del directorio de teléfonos y no encontré ni una habitación, ¿Tienes reservación? _ Me preguntó preocupada. -Sí, espero que me la hayan respetado. -Vas a tener que darme albergue por esta noche, no quiero pasar la noche en una butaca del aeropuerto. -Claro, esperame, déjame registrarnos.-El recepcionista checó mi reservación y me preguntó si quería una habitación con dos camas o una con cama king. -Con cama king esta bien.- Le respondí. Regresé con Claudia y con nuestro equipaje llegamos a la habitación. -¿No había con dos camas?- Me preguntó cuando vio una sola cama. -No, como mi reservación estaba para una sola persona, me asignaron una habitación con una sola cama y no había de dos, ya todo estaba asignado y no podía haber cambios.- Le contesté. -¿Qué le voy a decir a Raúl?, si es difícil decir que vamos a compartir cuarto, mucho más que vamos a dormir juntos.- Me preguntó. -No le digas, dile que afortunadamente conseguiste una habitación. Yo no me registré, te registré a ti, el cuarto está a tu nombre, a mí ni me has visto. -Bueno, le voy a llamar.- Me dijo sacando su teléfono celular de su bolso. -Raúl, ya conseguí habitación, por suerte hubo una cancelación y el recepcionista se compadeció de mi y me la dio, ya no tengo que pasar la noche en el aeropuerto, estoy en la habitación 4215. No, no estoy cansada voy a bajar a cenar y luego voy a ver tele. Sí, el avión llega a las 10 de la mañana, yo agarro un taxi para que no tengas que ir por mí, te llamo cuando llegue. Bueno, sí, adiós.-Claudia guardo su celular en su bolso y me miró divertida. -Bueno ya estuvo, espero que nunca se entere.- Me dijo sonriendoDurante el tiempo que duró su llamada yo la había disfrutado viéndola, Claudia es bellísima, su cara de finas líneas es hermosa, alta, de muy buen porte, curvilínea con grandes bustos, de hermosas nalgas, acinturadita, cabello castaño, piel muy blanca. Un cuero de mujer es mi cuñadita. -Para no aburrirnos en el hotel vamos a un restaurante aquí cerca, ¿quieres ir?- Le pregunt&eacu eléctrica en todo mi cuerpo, su perfume me llenaba la cabeza con sensaciones agradables y apremiantes, mi mano en su cintura, mi mejilla en la suya, el roce de su cabello con mis labios, sus senos sobre mi pecho, mis piernas tocando las suyas, mi mano agarrando su mano. Mi erección llegó en segundos, ella la sintió, me miró sonriendo, acomodó sus piernas entre mi entrepierna para sentir mi pene frotarse contra ella, ella suspiró, yo también. Los dos nos miramos un momento para luego darnos un beso, más que un beso fue comunicarnos con nuestros labios suavemente. Así bailamos varias canciones, juntos muy juntos, con besos esporádicos. Cuando regresamos a nuestra mesa el mesero nos llenó nuestras copas. Le tomé su mano e hice un brindis: _Porque esta noche sea inolvidable_. Claudia me sonrió, bebimos y le di un beso, ella abrió sus labios para recibirlo, nuestras lenguas se conocieron jugando. Durante la velada nos la pasamos bebiendo y sonriéndonos como jóvenes novios, alegres por nuestra precaria libertad, por nuestra audacia de hacer algo que sabíamos estaba llena de fuego. Yo quería volver a tenerla en mis brazos, la jalé a la pista, y reanudamos el baile que me había llevado cerquita del cielo. Bailando abrazados le pregunté. -¿Sientes lo mismo que yo?- -¿Si lo que sientes es mucho calor?, si.- Me contestó. -También siento una gran alegría que no se explicar.- Le dije -Vamonos Miguel, ya vamonos al hotel.-Caminamos de regreso al hotel tomados de la mano. -Me siento un poquito borrachita por la champagne, ójala no haga ninguna tontería.- Me dijo riéndose. -A mi si me gustaría hacer todas las tonterías del mundo contigo, Claudia hermosa.- Llegamos a nuestra habitación, la besé apenas entramos, ya no fue un beso dulce y tierno, este estaba lleno de lujuria, con mucha fuerza como la da el deseo y la pasión. Nos restregamos uno al otro, yo con mis manos recorría todo su cuerpo. Mis labios recorrían sus labios, su cuello, mis manos acariciaban su espalda y sus senos. -No Miguel no, vamos a comportarnos.- Me dijo separándose de mi.-No quiero hacer algo de lo cual después me arrepienta. -Lo que tu digas Claudia, pero nadie se va a enterar.- Le dije tratando de convencerla de seguir. -Voy a ponerme mi pijama en el baño y después me voy a dormir, tú deberías hacer lo mismo. Vamos a portarnos bien, ¿eh Miguelito?- Me dijo metiéndose al baño con su ropa de noche. Me desvestí quedando solo en calzoncillos, pues yo no uso pijama, esperando que saliera del baño para yo usarlo. Yo no estaba preocupado, le estaba dando tiempo al tiempo, esperando que la naturaleza actuase sola. Salió del baño con una bata blanca semi transparente que dejaba ver su camisón de dormir, también blanco de seda. -Te ves hermosísima Claudia.- Le dije mientras yo me dirigía al baño.-Como un ángel, un hermoso ángel.-Ella me sonrió, no dejó de ver mi erección, mi pene que luchaba contra mis calzoncillos y que yo no trataba de disimular. Me metí al baño para lavarme los dientes y la cara, me puse un poco de loción en mi cuello y regresé a la recámara. Esta estaba en penumbras, solo la luz de la tele medio iluminaba la recámara, vi sobre el sofá la bata blanca. En la cama la silueta de Claudia, la hermosa forma de su cuerpo cubierta por la sábana, solo su cabello estaba destapado. -Me senté en la cama y me quité mis calzoncillos, me metí en la cama cubriéndome con la sábana. -Buenas noches Claudia. -Buenas noches Miguel- Me respondió.-Si quieres puedes ver la tele, a mi no me molesta.- Me acomod&e Mis manos recorrían todo su cuerpo mientras nuestras lenguas jugaban frenéticamente. Quité la sábana, le bajé sus bragas y se las quité mientras admiraba su hermoso cuerpo, con mis ojos disfrutaba la suavidad de sus curvas. Su camisón ocultaba parte de su belleza haciéndola más deseable. Besé sus pechos, los mordí sintiendo bajo la tela la dureza y dulzura de ellos. Me hinqué entre sus piernas y se las doblé, tomé sus muñecas y extendí nuestros brazos en cruz. Ella me miraba anhelante, en silencio, esperando que yo llevara toda la iniciativa, sus ojos miraban mi cara, luego mi pene que completamente erecto quería ser cobijado por la suavidad del cuerpo de mi cuñada. Froté mi pene con los labios de su vagina sintiendo como nuestros líquidos se mezclaban. Que maravillosa vista, la mujer entregada con sus rodillas bien abiertas, su pubis coronado con bellos cabellos, esa rajadita anhelada, sus hermosos muslos, sus brazos abiertos, sus pechos redondos, su cara angelical anhelante por saber como se siente mi pene dentro de ella, esperando también el placer. -Que hermosa eres Claudia, como un ángel.- Le digo amorosamente. Suelto sus brazos, ensalivo mi pene y lo dirijo a su agujerito, entre sus labios busco la anhelada entrada, cuando siento que mi pene esta en posición, empujo mi cuerpo, mi pene empieza a penetrarla, la ansiedad se transforma en placer, en calor, en suavidad, en caricia. Mi cara cambia, de ansiedad a alegría, estoy dentro de ella, todo lo que sigue es placer. La cara de Claudia sigue siendo de deseo, pero cuando ve mi sonrisa ella también se sonríe. -Te voy a hacer sonreír mucho preciosa.- Le digo. -¿Mucho, mucho?- Claudia me pregunta. -Mucho, mucho.- Le contesto mientras mi pene la penetra hasta el fondo y empiezo el bello juego de entrar y salir. Como un pistón, mi pene en su vagina se deslizaba ricamente. Claudia gime de placer, sus gemidos cambian de tono constantemente. Le levanto su camisón para tocar sus pechos, hermosamente erguidos, duros y suaves, dulces y amorosos, los beso para darle placer a mi lengua, a mis labios. Claudia me toma de la cintura para marcarme el ritmo, sus manos en mi piel hacen que me estremezca de placer. Muevo mis manos a sus nalgas para levantarla. Sus piernas en el aire bien abiertas me permiten que en cada empuje llegue hasta el fondo, golpeando con fuerza sigo y sigo y sigo. -No pares Miguel, me voy a venir riquísimo,- -Vente amor, vente, quiero tu orgasmo, quiero vivirlo.- Yo le contesté. Incrementé mi velocidad para que Claudia tuviese su orgasmo, definitivamente no hay nada más bello que una mujer disfrutando el sexo, yo disfrutaba de su belleza, de cada choque de mi cuerpo contra el suyo, de las sensaciones en mi pene que disfrutaba del calor de su vagina, de su presión, de su suavidad. -Me estás cogiendo riquísimo.- Me dijo Claudia entre gemidos. -Vente mujer, dame tu orgasmo, regálamelo. -Sí, sííííí, ya viene Ohhhh., Ohhhh, Ohhhhh.-Sentí sus contracciones, no dejé de moverme. Que delicia sentir mi pene aprisionado en su vagina mientras ella me soltaba disfrutando de su corrida. -Más despacio, ya me vine, más despacio Miguel, por favor. -Te quiero hacer sonreír.- Le dije orgulloso. Ella me miró regalándome una sonrisa. -Me estás haciendo feliz.- Me dijo -Como me haces tú a mí.- Le contesté. -Vas a hacer que me vuelva a venir, tu verga esta riquísima, vente tú también conmigo. -Te voy a llenar tu hoyito con mi leche mujer preciosa. -Tú también eres precioso cabrón, llena con tu leche mi hoyito. -Que hermosa eres, que lindas tetas tienes Claudia, toda tú acercándome más a ella, tomé sus cabellos jalándolos hacia atrás, ella gimió, pero yo sabía que quería ser dominada. Incrementé mis movimientos para que nos viniéramos, yo sabía que pronto tendríamos nuestros orgasmos. -Te siento hasta en la garganta, me voy a venir, vente conmigo, te quiero sentir Miguel hermoso.-Y dejé que pasara, me moví como todo mi cuerpo me lo pedía, llegué a mi orgasmo explotando en una sensación total de placer. Gimiendo los dos, suspirando, descansando en su piel sudorosa, como también estaba la mía, sintiendo su suavidad, su respiración, sus contracciones, mis espasmos. -¿Te hice sonreír Claudia?- -Mucho.- Me contestó besándome toda mi cara, mi pecho. Que hermoso es que una mujer haga lo que hace, es bello su agradecimiento, es tan espontáneo, tan femenino, casi me da pena no ser así. Le acaricié su cabello y sus senos mientras en silencio me recuperaba. Yo quería darle algo que no se que es, algo que nos mantuviese juntos e hiciese el momento más hermoso. -¿Qué piensas?- Me pregunto Claudia. -Pienso que esta noche no la voy a olvidar, que me encontré a una maravillosa mujer que no quiero perder. -Que fácil respuesta cabrón, después de cogerme es lo único que se te ocurre, después de seducirme.- Me reclamó Claudia medio triste medio enojada. Yo asombrado no sabía que responder, yo creía que mi respuesta había sido correcta, así lo sentía y en esos momentos lo que quería era tomar de nuevo fuerzas para cogérmela otra vez. -¿Es todo lo que tienes que decir?-Me preguntó. La traté de besar y apapachar para acallar sus pensamientos con cariño, pero ella quería escuchar algo que yo no sabía que era. -¿Qué quieres que te diga?- Le pregunté. Ella se me quedó mirando como viendo una cosa muy desagradable, estaba a punto de contestarme cuando su celular teléfono sonó. -Contesta, es tu marido.- Le dije. -Hola- Dijo Claudia en el teléfono. -Ya estaba dormida Raúl. ¿Qué pasa? ¿Qué hora es?- -Estoy bien mi amor, mañana te veo, no te preocupes. -Yo también te quiero, buenas noches mi amor.- Claudia colgó el teléfono y soltó el llanto. Yo la abracé tratando de consolarla. -Me siento muy mal.- Claudia me dijo entre sollozos.- Soy una puta. -No no lo eres, eres una mujer que a cualquier hombre volverías loco, como me volviste a mí. Perdóname Claudia.- Le dije. -Vamos a olvidar que esto pasó.- Me dijo. -Está bien, perdóname.- Contesté. -Ya vamos a dormirnos, buenas noches Miguel.-Claudia se acurrucó en la orilla de la cama y trató de consolarse sola, yo al verla tan triste solo se me ocurrió abrazarla después de apagar la tele. Yo no sabía que pensar. ¿De veras había hecho algo muy malo?Apapachado junto a ella, con una semi erección traté de dormirme, todavía pensando en lo que me había equivocado. Las mujeres son tan raras. Trataba yo entenderla cuando sentí la mano de Claudia en mi pecho acariciándolo. -¿Estás dormido Miguel?- Me preguntó. - No Claudia. - ¿Tu pene está durito?, ¿quieres metérmela otra vez?- -Si Claudita, esta durito y si quiero metértelo otra vez. -Métemelo, quiero tenerlo dentro de mí.-De nuevo la naturaleza estaba obrando, solo hay que seguir su curso, encendí la lámpara de buró, coloqué una almohada bajó sus nalgas y le quite su camisón. Mordí sus suaves tetas y bajando mi cabeza me hund&i fuese contigo. -¿Espero que no estés arrepentida que haya sido yo el instrumento de tu venganza? –Le pregunté mientras bombeaba mi pene en su agujerito. -No, es tan rico, hace tiempo que no sentía así tan rico. Me gusta este instrumento. -Para eso están los cuñados, para ayudar a las cuñadas en desgracia. -Tú de veras me haces sonreír, y no tan solo con tus chistes, Ohhh, Ohhh, Ohhh. Pero no le vamos a decir nada por ahora, quiero ser tu amante, pero en secreto, quiero pensar que voy a hacer, Ohhh, Ohhh, así cabrón, así, que rico me haces. -La venganza es dulce.- Le dije. -Muy dulce, y me quiero vengar mucho.- Claudia dijo entre gemidos. -Yo te ayudo, aquí va otra ayudadita.- Le dije mientras la sujetaba de sus tetas e incrementaba la velocidad en mis movimientos. -Donde más le duele es en su cartera. Sigue así Miguel, no te detengas, Ohhh, Ohhh, Ohhh.-Tuvimos nuestro orgasmo con el agua sobre nuestros cuerpos, nos besamos y acariciamos. Disfrutando nuestra nueva relación de amantes. -¿Me ayudas a gastarme su dinero?- Claudia muy contenta me preguntó. -¿Qué planeas Claudia?- Le pregunté. -Todavía no lo sé, pero que rica es la infidelidad papacito.-Claudia me contestó antes de meterse en su boca mi pene. Volamos en asientos separados, yo me esperé a salir último del avión y el último en salir con mi equipaje, cuando salí al estacionamiento ella ya se había ido. Yo muy satisfecho de haber ayudado a mi cuñada a vengarse un poquito, me encaminé a mi auto. Autor: Miguel |
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