Mi esposa y la partida de poker III.

 

Los gemidos de Silvia le indicaron que ella empezaba a gozar de la verga en su culo y para excitarla aún más llevó una de sus manos a su coño acariciándole el clítoris, mientras incrementaba la fuerza con lo que le taladraba el culo

 

Andrés, sin dejar de masturbarse con una de sus manos, agarró con la otra uno de los hombros de mi mujer. Manteniéndola sentada, la separó del respaldo del sofá y la atrajo hacia él, hasta que su rostro estuvo a escasos centímetros de su rabo. Silvia observó brevemente la polla babeante de Andrés y luego dirigió su mirada a los ojos de mi jefe, con el mismo aire de desafío mostrado con anterioridad. Andrés aceleró los movimientos de su mano sobre la polla y por unos instantes pareció que iba a terminar de hacerse la paja sobre el rostro de ella, pero la mirada altiva de Silvia debió hacerle recapacitar y se paró. Acercó la punta de su capullo a los labios de Silvia y lo restregó suavemente por ellos, impregnándolos de líquido preseminal. Silvia se limpió con la mano los labios y levantó de nuevo su fría mirada a Andrés, quién meditaba qué hacer a continuación. Mi jefe le tomó la cara con las manos y, tras acariciarle repetidamente las mejillas, se dispuso a besarla. Andrés tanteó con su lengua sobre los labios de mi esposa, hasta que ella los abrió permitiéndole el paso y él aprovechó para besarla con pasión, moviendo la lengua con fuerza en el interior de su boca. Echó su cuerpo hacia el de ella obligándola a recostarse de nuevo sobre el respaldo del sofá y le separó las piernas lo suficiente para dejar al descubierto la raja de su coño y dirigir allí su tranca. No tardó demasiado en acoplarse e introducirle el nabo en su totalidad moviéndose despacio, tomándose el tiempo necesario para no incurrir de nuevo en el error de una corrida prematura. Luego dirigió sus besos a las tetas de Silvia que, pese al disgusto que le provocaba ser jodida por Andrés, notó como sus pezones se erizaban con el jugueteo de la lengua del macho sobre ellos. Cuando Andrés llevó sus dedos al clítoris de mi mujer y lo frotó repetidamente, acompañando la follada, ésta tuvo que esforzarse en reprimir la creciente excitación que iba sintiendo. La suerte para ella era que Andrés también estaba próximo al clímax y por ello, al poco rato, él le sacó la polla, se medio incorporó y empujó a Silvia por los hombros hacia abajo, arrastrándola desde el respaldo al asiento del sofá. Cuando la tuvo incómodamente tumbada de cuerpo para arriba sobre el asiento, se arrodilló sobre éste y llevó su pene al perfecto ca de Silvia y comenzó a restregarla por todos los rincones de éste. Luego le acercó a la boca la punta del nabo y con tres pequeños golpecitos le invitó a abrirla. Vi cómo mi esposa le miraba con rabia y sin ánimo de obedecer, pero otros tres golpes más fuertes sobre sus labios le convencieron de que era estúpido negarse. Cuando Silvia entreabrió la boca, Andrés empujó y le metió más de la mitad de su aparato, iniciando una nueva masturbación, meneándose la parte de la polla que aún sobresalía. Silvia puso de manifiesto su desagrado cuando sintió las gotas de líquido preseminal que desprendía el capullo de Andrés conforme este se pajeaba cada vez más rápido, pero en ningún momento se la mamó, dejando que todo lo hiciera él, a quien parecía no importarle la actitud pasiva de ella Tras unos minutos de continuada masturbación, acompañada de suspiros y gemidos por parte de Andrés, él saco la pene de la boca de Silvia y sin dejar de pajearse, se dirigió a ella: -Sabes Silvia, desde que te conocí tu belleza me dejó prendado, pero siempre has tenido conmigo un comportamiento altivo y grosero. Esa forma de tratarme hizo cambiar mis iniciales e inocentes fantasías sexuales contigo hasta desear cosas bastante más perversas que un simple polvo. Últimamente mis mejores pajas me las he hecho pensando en que me la pelaba sobre tu cara hasta correrme sobre ella. Nunca pensé que esto pudiera ocurrir, pero aquí estamos los dos, haciendo realidad mis fantasías. -Eres un cerdo asqueroso y salido. -Tienes razón Silvia, soy un guarro y un salido que te va a llenar la boca y la cara de lefa caliente. Vamos, ¿a qué esperas? Abre la boca. -¡Adelante cabrón, termina de una puta vez!Silvia abrió su boca y Andrés le metió de nuevo buena parte de la polla acelerando el movimiento de su mano sobre la parte que aún sobresalía y suspirando cada vez con más intensidad. Tras un minuto de furiosa masturbación y medio gimiendo exclamó: -Joder, te voy a embadurnar de leche. Voy a disfrutar de la mejor corrida de mi vida. Un ronco grito acompañó el inicio de su eyaculación que, pese al anuncio hecho por Andrés, pilló por sorpresa a Silvia que en cuanto sintió el esperma en su boca apartó la cara hacia un lado escupiéndolo con fuerza y liberándose de la polla. A Andrés no le importó, sujetó la cabeza de Silvia con la mano libre y dirigió cada nuevo chorro de leche hacia una parte distinta del rostro de mi esposa. Una vez culminada la eyaculación restregó con su propia verga el semen acumulado esparciéndolo por la cara de Silvia: Luego, tambaleándose, se incorporó y se sentó en el otro sofá sujetándose el pene, aún chorreante y con el semblante repleto de satisfacción. Había completado una deliciosa venganza y era evidente que había disfrutado muchísimo con lo que le había hecho a Silvia. -Increíble, ha sido increíble, mucho mejor de lo que esperaba. Y tú ¿qué tal Silvia? ¿Te ha gustado mi leche? Silvia, con la cara toda pringosa, se sentó de nuevo en el sofá, a mi lado y le objetó con sorna: -Seguro que es tan asquerosa como tú. ¿No has visto que la he escupido? Apenas he tenido que probar su sabor. Andrés replicó: -¿No quieres reconsiderarlo? Aún puedes hacerlo, tienes la cara llena de esperma. En ese momento Juan, que estaba en el sofá junto al exhausto Andrés, se levantó torpemente y se dirigió hacia Silvia. El bulto en sus pantalones era tan curvas, se frotaba con la mano en la entrepierna. Andrés intervino de nuevo: - ¿Tú que crees, Juan? ¿No te mereces un premio? ¿Una mamadita? Juan, cada vez más turbado, contestó con un hilo de voz: - No se. Jamás me lo han hecho y no estoy seguro de que me guste. - ¿Nunca te la han chupado? Eso no puede ser. Tienes que probarlo. Te aseguro que es delicioso. - Pero yo estoy a cien y podría venirme en su boca y eso es algo que no quiero hacer, es demasiado& sucio. Yo prefiero hacerlo cómo antes, en su coño. - Pues ya no hay condones, pero tú no te preocupes, deja que te la mame y si notas que te vas a correr, te la follas por el coño y te sales cuando te llegue. Andrés se dirigió de nuevo a Silvia: -Vamos Silvia, chúpasela un poquito. Dale esa satisfacción, deja que lo pruebe. Silvia me miró, cómo no dando crédito a lo que oía, pero yo, deseoso en el fondo de que se la mamara también a Juan, asentí levemente, cómo dando la razón a Andrés. Con un pequeño gesto me dio a entender que todos estábamos locos, pero era evidente que ya ni mi esposa tenía tabúes y acercó sus manos a las del tembloroso Juan y las apartó del bulto de sus pantalones. Maniobró con el cinturón, el cierre y la cremallera de sus pantalones para permitir bajárselos hasta la mitad de los muslos. Sus largos calzoncillo de líneas verticales azules fue la siguiente prenda que Silvia le bajó a la misma altura. La polla de Juan apareció, entre una despoblada mata de pelos muy largos y completamente tiesa, ante sus ojos. Me pareció bastante más gruesa que la primera vez que la vi esa noche, seguramente porque su excitación en ese momento era mayor. Volvió a sorprenderme el contraste entre el blanquecino color de su tronco y el rojizo de su glande medio descubierto. Juan permanecía quieto, sin saber muy bien qué hacer, y fue la propia Silvia la que cogió su polla y con mucha suavidad terminó de descapullarlo, mientras él se estremecía al sentir el contacto de la palma de la mano de mi mujer sobre su dura verga. Cuando ella echó su cuerpo hacia atrás, para apoyar su espalda en el respaldo del sofá, tiró de la polla de Juan obligándole a acercarse y finalmente a poner sus rodillas sobre el asiento a ambos lados de los muslos de ella. Silvia deslizó un poco su cuerpo por el respaldo hasta que el cipote de Juan estuvo a la altura de su boca y luego con un nuevo y ligero tirón la acercó a sus labios. Cuando engulló el glande en su boca el hombre cerró los ojos, pero cuando se metió en la boca la mayor parte de la pene y, esta vez sí, empezó a mamársela, Juan emitió un gruñido de satisfacción y empezó a suspirar. Era, sin duda, la primera vez que Silvia hacía una mamada, pero también era la primera vez que Juan la recibía. Se la estuvo chupando un rato hasta que empezó a mover rítmicamente los labios subiendo y bajando por el tronco de su cipote cuyo grosor hacía que la piel se moviera al mismo compás, originando un efecto masturbatorio que posiblemente ni la propia Silvia quería, pero que Juan seguro que agradecía, pues le estaba produciendo un gusto impensable, tanto que, instintivamente, apoyó sus manos sobre la parte alta del respaldo del sofá y comenzó a mover su cuerpo, al principio muy ligeramente, siguiendo el vaivén de la mamada de mi mujer. Las sensaciones placenteras de Juan se fueron incrementando y eso hizo que sus movimientos de riñones de adelante a atrás a se intensificaran y que él comenzara a olvidarse de sus opiniones morales ante la posibilidad de correr respaldo del sofá y mi esposa comenzó a recibir en su boca la eyaculación del hombre. Como el grosor de la polla de Juan impedía a Silvia escupir la leche que el vomitaba, intentó retenerla entre sus mofletes que se fueron hinchando. Dado el tiempo de abstinencia de él, y pese a haberse ya corrido una vez, la corrida fue larga y copiosa y en medio de la misma, entre tosidos y arcadas, ella tuvo que tragarse el líquido mientras Juan seguía soltando leche. Finalmente cesaron los temblores y Juan culminó su éxtasis, pero mantuvo su cuerpo aún apretado sobre mi mujer un buen rato hasta que ella le empujó y él se retiró con su pene ya en clara decadencia. Los aplausos de Andrés resonaron en el salón. -¡Sí señor! ¡Ha sido genial! Ya te lo advertí Juan. Una buena mamada es deliciosa y veo que la has disfrutado de verdad. Juan retrocedió hasta el mueble, intentando recuperar la compostura y la cordura. -¡La virgen! Ha sido la corrida más intensa que he tenido en mi vida _ y mirando a Silvia se excusó: -Lo siento Silvia, ha sido superior a mí, no he podido evitarlo. Cuando empezaste a pajearme con los labios me descontrolé. Te agradezco el maravilloso momento que me has hecho pasar. Silvia sonrió sinceramente a Juan y le dijo: -No te preocupes, no pasa nada. Me alegro por ti que lo hayas disfrutado. Luego se levantó y, tras mirarme brevemente con una expresión que nunca antes había visto en ella, se dirigió, contorneándose como una puta, hacia la silla en la que Lucas había contemplado el espectáculo sin dejar de acariciarse su oscura y circuncindada verga. Aunque prácticamente ya no había nada que pudiera sorprenderme esa noche, no me esperaba las palabras que dirigió al hombre gitano mientras le miraba fijamente a los ojos: -¿Y tú qué, Lucas? ¿No quieres que también te la chupe? Y se acercó aún más a Lucas mirándole la polla con descaro y claras muestras de deseo, inclinando su cuerpo con clara intención de metérsela también en la boca, pero él se levantó y la alzó también a ella, puso sus dos manos sobre el trasero de mi mujer atrayéndola hacia él. Sus manos se pasearon por las nalgas de Silvia, abrieron sus cachetes y sus dedos se introdujeron repetidamente por la raja del culo, acariciando el agujero de su ano. Lucas y Silvia se besaron con auténtica pasión. Ella no se mantuvo quieta y, mientras seguían besándose, acarició con una mano la espalda tersa del gitano y con la otra le imitó palpándole y pellizcándole repetidamente el delgado trasero aunque sin rozarle la raja del culo. Yo ya había asumido que ese hombre producía un efecto devastador en la sexualidad de mi esposa y no me importaba, al contrario me excitaba, aún más si cabe, el abierto comportamiento de ella hacia él. Lucas puso una vez más a mi esposa a cuatro patas, justo frente a mí, y empezó a lamerle una y otra vez el orificio anal, acudiendo, de vez en cuando, al vaginal. Se incorporó y apuntó con su sable totalmente tieso al trasero de ella. Cuando su polla empujó sobre las paredes de entrada de su ano, Silvia, sorprendida, se giró, pero pese al dolor que la penetración le producía, no rechistó e intentó disfrutar de algo que sexualmente era para ella totalmente novedoso. Lucas consiguió, con mucho esfuerzo, introducirle buena parte de su cipote en el ano y se movió lentamente, sin llegar a conseguir al principio que Silvia se relajara lo suficiente para gozar de la sodomización. Sin embargo el gitano mantuvo pacientemente durante bastantes minutos la lentitud de sus embestidas hasta qu ímpetu en su ojete que tan abiertamente, y sin saberlo, había dejado expuesto a la vista del odiado hombre. Mi jefe empujó y le metió la tranca sin muchos problemas, tomando el mando de la follada/enculada con enérgicos golpes de riñón. Ensartada entre los dos hombres y follada duramente por ambos, Silvia ya ni protestó por la rudeza de Andrés, abandonándose al placer que le producían los movimientos de las pollas en sus dos canales. Andrés, en medio de los jadeos y gemidos de los tres, no quiso reprimirse: -¡Joder Silvia! Darte por culo es lo único que me faltaba estaba noche. Y ya veo cómo disfrutas mientras te partimos en dos. Estás hecha una auténtica zorrona. Andrés no aguantó mucho tiempo sintiendo la estrechez del canal anal de Silvia y anunció su corrida: -Me voy a correr otra vez. Toma mi leche. Guárdatela en ese precioso culo. Jadeando, Andrés se corrió por tercera vez esa noche dentro de mi esposa y luego, medio desfallecido, abandonó el cuerpo de Silvia y volvió a sentarse junto a Juan. Parecía que era lo que Lucas esperaba, pues apenas se quedó sólo con ella, la volteó girándola boca arriba, se agarró a sus pechos y le penetró de nuevo por el coño, iniciando un furioso mete-saca que mi esposa sin duda agradeció mientras todos sus sentidos se revolucionaban para llevarla a la cima del placer. Una mezcla de gritos y gemidos acompañaron el orgasmo de Silvia que aprisionaba con sus piernas y brazos el cuerpo de Lucas sobre ella mientras éste se la follaba a placer con potentes embestidas y sin parar de acariciarle y chuparle los pezones. Fue una corrida brutal de mi esposa, pero ella, fuera de sí, quería más y separó la boca de Lucas de sus pechos y de nuevo le besó con furia y pasión. Lucas respondió acelerando aún mas sus envites mientras el sudor recorría la mayor parte de su cuerpo, hasta que sintiendo la proximidad de su venida se incorporó y abandonando el coño de mi mujer empezó a meneársela dispuesto a correrse sobre aquel. Entonces Silvia le agarró con ambas manos de la cintura y le instó a reptar hacia su pecho. Lucas aceptó la invitación y, arrodillado, se movió hasta colocar ambas rodillas a la altura de sus pechos. De inmediato envolvió su polla entre las tetas de Silvia y se masturbó con ellas durante un par de minutos. Silvia volvió a instarle a subir su cuerpo aún mas arriba y Lucas, a regañadientes, abandonó la cubana que se estaba haciendo, situando ya sus rodillas a la altura del cuello de ella. Cuando mi mujer tuvo la estaca de Lucas a su alcance, se apoderó furiosamente de ella y bajándola la restregó repetidamente sobre su cara sin cesar de pajearle, luego la observó con detenimiento, cómo si quisiera descubrir todos los secretos, para ella desconocidos, que pudiera tener una polla. Su lengua se concentró sobretodo en la base del capullo, pasándola con reiteración sobre la zona del frenillo, algo que, a tenor de los gestos de su cara, a Lucas le debía resultar maravilloso. Luego se la metió en la boca y se la mamó con ganas, acariciándole con una de sus manos los huevos. La mamada era tan enérgica que iba a llevar a Lucas a correrse sin remedio, pero él no debía querer hacerlo aún, pues consiguió sacar la verga del húmedo recinto que la albergaba y, reptando un poco más, tapó con sus cojones la boca de Silvia. Mi mujer, cada vez más encendida no se lo pensó y empezó a chupar con frenesí las pelotas del gitano que ahora se masturbaba más lentamente. Lucas bajó su otra mano hacia empezó a pelársela con más fuerza. Desde mi posición, con incredulidad, veía perfectamente los vericuetos que la lengua de mi esposa efectuaba entre los pelos negros del culo del gitano y como se introducía repetidamente en el interior de su oscuro agujero. A punto de correrse, Lucas bajó su posición y Silvia aprovechó para apoderarse de inmediato de su polla, metiéndose la mitad en la boca mientras le pajeaba con fuerza. Lucas comenzó a gruñir sintiendo como la leche estaba a punto de subirle por el tronco de su pene. Cuando el cuerpo del hombre se tensó, Silvia le soltó la polla y la engulló por completo dentro de su boca dispuesta a ordeñarle toda la leche que tenía en los cojones. Lucas finalmente aflojó la tensión y empezó a descargar su semen en la boca de mi mujer, entre continuos espasmos de placer. Al sentir la leche caliente Silvia, con un gemido gutural acentuado, pues tenía la boca ocupada, también se corrió. De nuevo fue un orgasmo pronunciado mientras recibía, esta vez con auténtico deleite, la lefa de nuestro invitado. Cuando Lucas pudo incorporarse volvió a sentarse en la silla, dejando a Silvia tumbada sobre la alfombra. Todos nos dimos cuenta de que el esperma que había escupido Lucas seguía en su boca y ella jugaba con su lengua moviendo el preciado líquido por todos los rincones. De repente se puso de rodillas sobre la alfombra justo frente a mí, mirándome con una sonrisa llena de lascivia. Entonces abrió la boca y me mostró por unos instantes la nata de semen que había batido saboreando el esperma de Lucas, tragándosela a continuación. Se relamió, abrió la boca y permaneció inmóvil, suplicando con la mirada lo que yo, en el fondo, estaba deseando hacer. -¿Será posible? ¡Esta mujer es una auténtica furcia! Vamos Mariano, ¿Qué estás esperando? Creo que tu mujer no ha tenido bastante y necesita más. La voz de Andrés me hizo reaccionar. Notaba el dolor en mis testículos originado por la prolongada erección que me había causado la sesión de sexo de mi esposa con mis tres colegas de juego. Me levanté y saqué al exterior mi endurecido cipote y lo posé sobre la lengua que Silvia, golosamente, apoyaba sobre su labio inferior, esperando una nueva ración de leche. Apenas tuve que meneármela un par de veces para que el placer se apoderara de mis sentidos y dejara escapar, a borbotones, toda la leche que tenía acumulada en mis huevos. Silvia la recibió, la saboreó como había hecho antes con la de Lucas y se la tragó, dando así por concluida una noche de inimaginable sexo para ella y todos nosotros. Éramos conscientes de que todos, esa noche, de una u otra forma, habíamos ganado la apuesta. Los tres hombres se habían tirado y habían gozado de mi esposa a placer, y Silvia y yo habíamos descubierto una faceta en nuestra vida sexual que seguramente nos iba a marcar positivamente para siempre. Por cierto, el lunes siguiente Andrés me entregó el cheque de 30.000 euros, aunque no me correspondía, y yo, por supuesto, lo cogí. Mañana viernes hay una nueva timba de póker, esta vez en casa de Andrés, y yo estoy convencido de que, enseñándole el cheque a Silvia, no tendré muchos problemas en convencerla de que me acompañe a la partida. Autor: Mariano

 

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