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SWINGERS: CUATRO EN LA CAMA


Intercambio sexual es el concepto. El punto está con quién, ya que según la experiencia de nuestro entrevistado: "el intercambio funciona siempre y cuando no existan lazos afectivos". El riesgo de cruzar el límite de lo establecido entre personas que se conocen es altísimo, el dominio de la situación se pierde. Los swingers, comentario del sexólogo Roberto Rosenzvaig.

Muchos dirán que en el sexo no hay nada nuevo, que desde que el mundo es mundo hombres y mujeres han experimentado distintas sensaciones y situaciones en busca de placer. Pero, cada cierto tiempo, nos sorprenden algunas tendencias que encuentran adeptos en todo el mundo. Desde la década del 70 aproximadamente, miles de personas se han abierto a la posibilidad de incorporar más personas a sus experiencias sexuales. Quienes buscan el sexo grupal, los llamados swingers, están en todas partes, publican avisos en el diario o Internet. En el extranjero, hasta las revistas tienen una sección de avisos clasificados donde los swingers abundan. En Chile, son más discretos. No fue fácil dar con Víctor, un estudiante de 26 años y en quinto de sicología, quien al contactarlo accedió a hablar con De Mujer a Mujer. Sus fundamentos fueron: "¡sí, puede ser, no tengo de qué avergonzarme".

El encuentro fue en un conocido bar del sector alto de la capital. Una parka azul nos indicaría que había llegado. La conversación aunque fluyó rápidamente, tenía una condición: sólo hablar. Nada de grabaciones, ni notas. La idea era conocerse. El no quería sentirse entrevistado. Por ello, la entrevista real fue tres días después en medio de un parque de juegos infantiles. Entre el ir y venir del columpio, Víctor comenzó a hablar. A los pocos minutos nos dimos cuenta de cuál sería el costo: información por información. Es decir, parte de su intimidad por la nuestra. Así fue como comenzó el ping pong, durante el cual nos enteramos que hace cuatro años se inició como swinger.

Nos cuenta que en esa época vivía en un departamento con un amigo y la confianza extrema que se comenzó a generar entre ellos y las parejas de ambos, lentamente dio origen a a este tipo de vínculo. Se ríe al contar que todo comenzó cuando se les echó a perder el televisor y con su amigo no tuvieron mejor idea que ir a comprar champagne y brindar y brindar, hasta que los cuatro a modo de juego comenzaron a quitarse la ropa. Los ánimos fueron subiendo hasta que cada pareja hizo el amor frente a la otra. Según Víctor, hasta ese momento y pese a la libertad que se estaba viviendo, los límites estaban marcados. La regla era respetar el territorio del otro. Es más, recuerda haberle dicho a su amigo algo así como que "la vagina era sagrada", frase que él mismo no cumplió ya que se involucró sexualmente con la polola de su compañero de departamento y viceversa. Ellas aceptaron porque con el tiempo se habían hecho muy amigas.

Hoy al recordar, piensa que desde hace tiempo había indicios de lo que querían hacer. Con su amigo lo habían hablado como fantasía y a ambos les gustaba la idea.

-¿Cuáles fueron esas pistas?

-Al llegar a la casa, desde la puerta preguntaba a mi amigo dónde estaba y él contestaba: ¡en la pieza!. yo iba y lo encontraba con su polola desnudo en la cama. La sensación cada vez fue generando mayor soltura y relajo. Incluso pensaba: ¡oh! que bueno que dos personas puedan estar en la cama, entrar un tercero y que no pase nada más. Me sentía contento de poder compartir esos espacios, no me sentía excitado con la situación.

-Pero... ¿cómo se fueron dando esos espacios?

-Porque nos conectábamos con una sexualidad sana.

-¿Y todos los tenían así de claro?

-Todos podíamos jugar y estaba bien. Mi amigo tenía su pareja, yo la mía... era como cosificar el sexo, pero viniendo de otro mundo, donde los límites estaban mucho más claros. Es extraño quizás hablar de eso, pero era agradable vivir la sexualidad sin que la restringieran, sin críticas, daño o límites externos. Esos los poníamos nosotros. Los límites tenían que ver con que todos estuviéramos bien y punto.

-¿Pero cómo se dieron las cosas?

-Lentamente fuimos sintiendo que queríamos más.

-¿Y qué pasaba por tu mente?

-Era darse el lujo de vivir fantasías que mucha gente no experimenta por represión. La sensación era agradable, la estábamos compartiendo los cuatro y hacía bien. No había daño, dolor, ni celos... nada negativo. El topless y los besos entre ellas, también formaban parte de la diversión. Pero el juego en realidad comenzó cuando, después de haber hecho el amor con mi pareja y mi amigo con la suya, nos intercambiamos.

-¿Cuál era la sensación al observarse unos a otros teniendo sexo?

-Era como ver vidas distintas, pero a la vez poder participar. Además, se generaba una exitación mucho más grande que la que se da en pareja. Siento que en ese momento y los que siguieron, nos conectamos con espacios de libertad muy grandes, porque nadie se podía meter, ni decir nada. Eramos solo los cuatro y cada uno aportaba lo suyo. Nos conectamos tanto, que los lazos que se se formaron entre nosotros pensamos que nunca se iban a romper. Siento que en ese momento todos sentíamos amor... mucha pasión y también ternura.

-¿Y te gustó con lo que te quedaste en el momento del intercambio?

-Inicialmente porque era algo nuevo, pero después no me gustó porque me asusté, me dio pena. Y luego porque vi a mi pareja con otra persona. Pero traté de concentrarme y disfrutar de mis fantasías cumplidas.

-¿Y qué pasó después?

-Creo que lo que ocurrió con el tiempo y quebró nuestra relación de amistad, fue que precisamente teníamos relaciones afectivas entre nosotros: nos queríamos, nos cuidábamos y apoyábamos. Lo que se rompió de alguna manera fue que aparecieron los celos de la comparación con el otro y con uno mismo. Eso de pensar: "mí pareja está con mi amigo, mientras yo estoy con la pareja de él". Y esto no es una cuestión machista porque ellas también sentían lo mismo. En el fondo, tenía que ver en la reflexión cuan bien está nuestra pareja con la otra persona. Y eso abrió muchos fantasmas... temores.

-¿Cómo cuáles?

-Por ejemplo, que nuestra pareja se pudiera satisfacer mucho más con la otra persona.

-¿Y eso lo sentías porque eres celoso?

-No mucho. Lo que me pasaba era eso de sentir que estás permitiendo -no porque haya algo que permitir o no- que tu pareja está con otra persona y lo sabes, pero al mismo tiempo tienes la compensación de estar con otra. Es como el cuento de las infidelidades dobles. Era imposible que lo pasara bien, sabiendo que la persona con quien estaba no hacía otra cosa que pensar en su pareja.

-¿Sentiste dolor?

-En ese momento no, después sí.

-Pero da la impresión de que el intercambio te pareció una experiencia entretenida...

-Creo que sí, pero mientras no hayan lazos afectivos. Solo en la medida que no existen puedes intercambiar. De hecho, después de eso he tenido otros intercambios, pero siempre preocupándome de no conocerlos más de la cuenta.